Sabores Polanco 2026: una experiencia culinaria entre asados, legado y color
Durante el fin de semana del 14 y 15 de marzo, el festival Sabores Polanco reunió nuevamente a cocineros, dueños de restaurantes, productores y aficionados a la gastronomía en los jardines del Campo Marte, en el centro de Ciudad de México. Durante dos jornadas, el evento se convirtió en un lugar donde se celebró la cocina tanto mexicana como internacional, rodeado de aromas de asados, música en vivo y la asistencia de invitados especiales que aportaron identidad y sabor a esta edición. Entre los destacados estuvo el estado de Guanajuato, que presentó una oferta cultural y gastronómica impresionante, así como Argentina, que cautivó a los participantes con su tradición de asado y sus reconocidos cortes de carne.
Desde el acceso al lugar, la atmósfera festiva se hizo notar. Filas de carpas blancas, mesas largas y estaciones de cocina se mezclaban con el aroma del humo de las parrillas encendidas desde temprano. Las marcas participantes ofrecieron una variedad culinaria que abarcaba desde cocina moderna hasta recetas tradicionales reinterpretadas. Los asistentes paseaban entre los puestos probando pequeñas porciones que reflejaban la creatividad de los chefs, mientras el sonido de copas chocando y conversaciones animadas llenaba el ambiente.
Uno de los aspectos más destacados de esta edición fue la participación de Guanajuato como estado invitado, que brilló con un impresionante globo aerostático instalado en el festival. Este gran globo, símbolo del renombrado Festival Internacional del Globo que se celebra cada año en León, se convirtió en uno de los lugares más fotografiados del evento. Los colores vibrantes del globo contrastaban con el verdor del jardín y servían como un recordatorio de la rica cultura y turismo del estado.
Además de la imagen emblemática del globo, Guanajuato llevó al festival una representación de su gastronomía local. Platos tradicionales, dulces autóctonos y bebidas artesanales brindaron a los visitantes la oportunidad de conocer más sobre la identidad culinaria de la región. Entre los bocados, los chefs comentaban el origen de cada receta y su conexión con la historia y tradiciones del Bajío.
En el otro lado del festival, Argentina llamó la atención de los asistentes con el inconfundible aroma de sus asados. Las brasas ardían con calma mientras los expertos parrilleros cocinaban cortes clásicos como el bife de chorizo, la entraña y el vacío. La forma argentina de asar carne —con control del fuego y tiempos precisos— fue una de las grandes atracciones culinarias del fin de semana.
Las parrillas no solo ofrecían carne perfectamente cocinada, sino también un espectáculo para los ojos. El rojo intenso de las brasas, el dorado brillante de los cortes y el humo elevándose lentamente creaban una escena casi teatral. Los chefs argentinos compartieron con el público los secretos de su tradición, desde el manejo del carbón hasta el uso de sal gruesa y chimichurri
para realzar el sabor natural de la carne.
El festival sirvió como un escenario para que varias marcas de alimentos, bebidas y equipos de cocina expresaran su ingenio. Parrillas de acero pulido, hornos móviles, herramientas especializadas y estaciones para asar se integraron al entorno culinario del evento. Cada empresa intentaba destacarse con diseños vanguardistas y propuestas creativas que cautivaban tanto a chefs profesionales como a aficionados.
El color fue uno de los aspectos más notables en el festival. Las parrillas encendidas iluminaban los espacios al anochecer, mientras las llamas proyectaban matices anaranjados y rojizos sobre los metales de las cocinas. Este juego de luces y sombras generaba una atmósfera acogedora que animaba a los visitantes a quedarse más tiempo disfrutando de cada propuesta culinaria.
Las bebidas tuvieron un papel destacado en la experiencia de los asistentes. Vinos, cervezas artesanales, mezcales y cócteles exclusivos complementaron los platillos presentados por los restaurantes involucrados. Sommeliers y bartenders compartían las particularidades de cada bebida, asistiendo a los presentes para hallar la mejor combinación para cada bocado.
La música en vivo añadió otro nivel de dinamismo al festival. Entre cada degustación, los asistentes se deleitaban con actuaciones musicales que complementaban la atmósfera relajada del evento. La fusión de melodías contemporáneas con ritmos latinoamericanos contribuyó a crear un ambiente festivo que perduró durante toda la jornada.
Sabores Polanco también actuó como un punto de encuentro para chefs destacados, críticos gastronómicos y entusiastas de la cocina. En diferentes momentos del día, se podían observar charlas entre cocineros intercambiando ideas, compartiendo técnicas y analizando las tendencias culinarias actuales. Para muchos profesionales del sector gastronómico, el festival se ha transformado en un lugar clave para establecer contactos y presentar nuevas propuestas.
Los restaurantes participantes utilizaron el festival para exhibir versiones reducidas de sus platillos más emblemáticos. Esto permitió al público probar, en un solo recorrido, sabores de variadas cocinas y estilos culinarios. Desde la cocina mexicana contemporánea hasta opciones internacionales, la diversidad gastronómica se convirtió en uno de los grandes logros del evento.
Con el paso de la tarde, el olor de las parrillas se amalgamaba con el del pan recién horneado, las especias y los postres que empezaban a aparecer en las mesas. Los asistentes continuaban explorando el festival con platos en mano, disfrutando de cada nueva degustación como una pequeña aventura culinaria.
La representación de Argentina y Guanajuato añadió una dimensión cultural única al festival. Mientras uno simbolizaba la tradición de asado sudamericano, el otro exhibía la riqueza gastronómica de una de las regiones más icónicas de México. Esta fusión reforzó el carácter internacional y diverso de Sabores Polanco.
En su edición de 2026, Sabores Polanco reafirmó nuevamente por qué es considerado uno de los festivales gastronómicos más relevantes del país. Durante dos días, el evento logró combinar tradición, innovación, cultura y sabor en un único lugar, celebrando la cocina como un punto de unión entre culturas.
Al concluir el festival, cuando las barbacoas empezaban a extinguirse y los últimos vasos se alzaban para brindar, se hacía evidente que Sabores Polanco no es simplemente una feria de comida, sino una vivencia que une a cocineros, productores y personas que disfrutan de la comida en torno a una pasión común: el disfrute de la buena gastronomía.
