Por: Karen Campos
El Auditorio Nacional estaba de pie antes de que sonara la primera canción. Entre gritos, expectativa y una luz azul parpadeante, la noche ya prometía algo distinto: Yandel en formato sinfónico.
Antes de que él apareciera en escena, el pulso del reguetón ya estaba encendido con DJ Alex Sensación, quien desde Nueva York calentó el ambiente mezclando éxitos del género con rock y hasta rancheras como «El Rey», ideales para corear y animar al público.
Al terminar, la orquesta fue entrando una a una, provocando gritos de emoción y acompañada por un tic-tac de reloj que estiraba la espera.
La presentación arrancó con la potencia de la orquesta sinfónica y el poder de Yandel, un choque de mundos que se sintió inmediato desde los primeros acordes. Este sinfónico no invita a la contemplación, sino a bailar y a llenar los silencios entre canciones con gritos de emoción: nadie permanecía sentado, todos acompañaban de pie cada arreglo.
Vestido de negro, Yandel agradeció al público, celebró la casa llena y lanzó una petición casi íntima: que nunca se olvidaran de él. La respuesta fue inmediata, un “noooo” rotundo que retumbó en todo el Auditorio. Esto era una locura: la gente gritaba, cantaba y bailaba sin pausa, mientras Yandel lo daba todo, bailando sobre el escenario y acercándose a algunos miembros de la orquesta, convirtiendo el formato sinfónico en una fiesta colectiva.
Entre los momentos más celebrados de la noche estuvieron temas como «Myspace», «Báilame» y un medley que reunió «Mírala bien», «Rakata», «Ahora Es» y «Pam pam», además de «El Teléfono». Canciones conocidas que, acompañadas por la orquesta sinfónica, adquirieron una dimensión distinta sin perder el pulso bailable que define a Yandel.
En medio del concierto hubo una pausa inesperada: la orquesta tomó el control y ejecutó «El Son de la Negra», un respiro para que el público se deleitara con la música orquestal antes de que el ritmo volviera a subir. Y cuando parecía que la noche no podía cambiar más de ánimo, entró un mariachi para interpretar «El Rey» y «Cielito Lindo», dándole otro sabor al concierto y sumando un guiño directo a la música mexicana.
De vuelta en el escenario, Yandel interpretó «Lloro por ti» con un tono más contenido y, en ese mismo set, «Estoy enamorado», momento en el que se sintió con más fuerza la comunión con lo orquestal: una fusión que funcionaba y arropaba la voz en la parte más sentimental del concierto.
“Ahora regresamos con el perreo”, avisó Yandel, y dicho y hecho: la energía volvió a subir. Invitó al público a escuchar Infinito, su álbum ya disponible en plataformas, y continuó con «Cómo es que se hace», retomando el pulso bailable de la noche.
Antes de seguir, se tomó un momento para hablarle al público, recordando que desde sus comienzos la gente lo ha apoyado y que en Puerto Rico dicen que en México el público se entrega de verdad. La respuesta fue inmediata, y entonces presentó a su siguiente invitado: Sour, cantante puertorriqueño, quien se sumó al escenario aportando otra voz a esta celebración.
En temas como «Me estás tentando», la orquesta se integró de manera tan natural que parecía haber estado ahí desde siempre, acompañando la canción sin forzarla y sumando cuerpo al ritmo.
El concierto terminó con una lluvia de serpentina blanca cayendo sobre el escenario y el público, como un cierre visual festivo para esta noche sinfónica en el Auditorio Nacional y con un Yandel conmovido por la respuesta del público.
