El Desaire

Monterrey, Nuevo León 2 de septiembre de 2026.

El Desaire es una película profundamente conmovedora y, al mismo tiempo, tristemente realista. Más que contar una historia aislada, retrata una realidad que forma parte del día a día de muchas mujeres en México.

La película aborda el feminicidio desde un punto especialmente doloroso: muestra cómo la violencia dentro de una relación puede ir escalando de una manera tan gradual que, muchas veces, resulta difícil reconocerla mientras está sucediendo.

Todo comienza con situaciones que socialmente hemos aprendido a minimizar: una broma machista, un comentario incómodo, una escena de celos disfrazada de amor. Después viene un jalón, un insulto, el control, la intimidación. Luego llegan las disculpas, las promesas y la manipulación que hacen parecer que aquello no volverá a suceder. Los límites comienzan a desaparecer y la violencia continúa escalando hasta llegar, en demasiados casos, a su expresión más extrema: el feminicidio.

Y creo que ahí está una de las partes más fuertes de El Desaire: no presenta la violencia como algo que aparece de un día para otro, sino como una serie de conductas que se van normalizando poco a poco, tanto dentro de la relación como en el entorno que la rodea.

Es una película incómoda, dolorosa y necesaria porque funciona como un espejo de la sociedad en la que vivimos. Nos obliga a cuestionarnos cuántas conductas seguimos justificando, cuántas señales hemos aprendido a ignorar y cuántas veces seguimos confundiendo los celos, el control o la posesión con muestras de amor.

El Desaire no solamente habla de feminicidio; habla de todo lo que sucede antes. Y quizá ahí está lo verdaderamente importante de contar esta historia.

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