Mujeres que están transformando los barrios mexicanos a través del fútbol

Ciudad de México, 9 de marzo de 2026. – En muchas colonias de México, la cancha no es solo un rectángulo pintado, es el termómetro de lo que pasa afuera: si está oscura, vacía o tomada, la comunidad aprende a replegarse. Si está viva, iluminada y llena de niñas y niños, el barrio recupera el derecho a reunirse. En ese punto exacto —donde el espacio público deja de dar miedo y vuelve a convocar— el fútbol se convierte en una infraestructura de cuidado, pertenencia y futuro.

En México, jugar sigue teniendo género y persisten ideas que empujan a las niñas a la orilla: que “son frágiles”, que “las van a lastimar”, que “ese deporte es rudo”. Sin embargo, cuando el acceso se abre y el entorno se vuelve seguro, el deporte produce algo más que actividad física: fortalece redes, autoestima, liderazgo y tejido comunitario. UN Women lo resume con claridad: la participación de mujeres y niñas en el deporte ayuda a romper estereotipos, construye comunidad y eleva la confianza, además de generar beneficios educativos y de bienestar emocional.

Este 8 de marzo, love.fútbol visibiliza dos historias que muestran ese cambio desde adentro: Brenda Paola Pérez Gutiérrez y Aileen Pérez de la Cruz, dos lideresas comunitarias que con el objetivo de suma
Dos mujeres jóvenes, dos trayectorias distintas, una misma idea: cuando una niña ocupa la cancha sin pedir permiso, también empieza a ocupar su vida con otra seguridad.

Brenda: de voluntaria del barrio a liderar programas de equidad de género

Brenda conoció a love.fútbol hace nueve años, cuando la organización rehabilitó una cancha en su comunidad, El Coyolito (Gustavo A. Madero). Tenía 20 años y ya llevaba tiempo sosteniendo actividades comunitarias: “empecé desde los 14 dando sesiones en cursos de verano, gratuitamente”. Su primer rol no fue el entrenamiento, fue la organización: juntas vecinales, permisos, papeleo, voluntariados, voto a voto para ganar un concurso que permitiría recuperar el espacio.

La cancha, recuerda, era un “punto rojo”: venta de droga, violencia, abandono. La transformación no fue inmediata ni simple, pero fue sostenida: iluminación, presencia comunitaria, horarios, rondines, y sobre todo, un programa constante con niñas y niños. “Cuando el espacio está lleno de niños, ya rehabilitado, con mucha iluminación, esos lugares no les gustan a quienes hacen cosas malas… se empezaron a alejar”, cuenta.

Hoy Brenda trabaja en la parte operativa de love.fútbol desde hace tres años, y su historia también rompe otra barrera: la de la desconfianza y el “eso no es para mí”. En 2017 recibió una llamada desde el Reino Unido: había sido seleccionada para capacitarse en las instalaciones del Manchester City, como parte del programa Young Leaders -que love.futbol y el club internacional han mantenido activo desde entonces-.  Dudó, sintió miedo, pensó que era fraude; aun así, lo hizo. Viajó, se formó, regresó a replicar lo aprendido y después volvió como capacitadora para otras generaciones.

En plena pandemia, cuando el financiamiento se detuvo, continuaron entrenando en línea. Más tarde, Brenda y otros líderes mexicanos compitieron con un reto internacional que buscaba brindar herramientas psicosociales a infancias y adolescencias en condición de discapacidad a través del fútbol, y así fue como ella y su colega -también una joven entrenadora en las canchas de love.futbol- ganaron un viaje de intercambio a Abu Dhabi, Dubai en 2022. “Eso te va motivando”, dice, porque cuando una mujer del barrio cruza fronteras por su liderazgo comunitario, esa idea se vuelve posible para otras.

Brenda hoy impulsa entornos de entrenamiento con enfoque de género en programas como Jugamos Juntas (con Nike y Laureus), donde el objetivo es aumentar la participación de niñas, su confianza y la inclusión. “Nos hemos topado con machismo, con papás que se van solo por ver que somos entrenadoras… lo importante no es toparse con obstáculos, sino romperlos”, afirma.

Aileen: el fútbol como herramienta socioemocional en Valle de Chalco

Aileen vive en Valle de Chalco y su entrada al fútbol también empezó con una barrera conocida: “mi papá me decía que era muy pequeña, que me iban a lastimar… me hizo sentir frágil”. Probó otros deportes, pero el fútbol seguía llamándola. La confianza llegó con el tiempo, con la práctica y con una red de apoyo; después, llegó el encuentro con una convocatoria comunitaria que la conectó con Natlik y con love.fútbol.

Aileen estudió psicopedagogía sin estar convencida, hasta que la cancha le dio sentido a lo aprendido. Hoy es facilitadora socioemocional con enfoque lúdico-deportivo, y su trabajo se ve en algo muy concreto: convertir cada juego en una herramienta para nombrar emociones, practicar empatía, reconocer injusticias, hablar de violencia, trabajar autoestima, incluso apoyar aprendizajes escolares. “No es jugar por jugar”, explica. “Tomamos un juego y lo transformamos para enseñar algo”.

En territorios atravesados por violencias y silencios, su estrategia no obliga a hablar, abre caminos para que las niñas y niños se expresen sin exponerse: dinámicas de emociones, preguntas encadenadas, observación cuidadosa, conversaciones individuales. Es la cancha como aula, pero también como espacio seguro.

Aileen también viajó a Inglaterra en 2022 para la capacitación de Young Leaders de love.futbol y Manchester City. Describe la experiencia con una mezcla de sorpresa y certeza: “no podía asimilar lo que estaba viviendo… conocer el estadio, los vestidores, el autobús, ver entrenamientos de mujeres”. Para ella, esa vivencia confirma el punto más importante del 8M: la presencia importa. “Ven a una niña jugando y llegan otras: ‘yo también voy’… y ya son dos, luego tres”.

Lo que está en juego este 8M

UN Women plantea que, para cerrar brechas, no basta con invitar a las niñas a “participar”: hay que crear entornos femeninos seguros, reducir barreras de acceso, y desafiar normas culturales que empujan a las niñas fuera del deporte.

En la práctica, eso se traduce en canchas iluminadas, redes comunitarias activas, metodologías sostenidas, liderazgos locales y oportunidades reales de crecimiento.

Las historias de Brenda y Aileen lo confirman desde el territorio: cuando la cancha se recupera, también se recupera el tiempo libre de las niñas, su derecho a moverse, su voz, su confianza y su futuro.

Con presencia en 5 continentes, 17 países y 95 comunidades, love.fútbol ha instalado más de 100 canchas a nivel global y ha impactado a más de 138,000 personas. En México, la organización ha desarrollado 21 proyectos comunitarios, creando espacios que se convierten en puntos de encuentro, identidad y desarrollo social.

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